jueves, junio 22, 2006

Superstar


Superstar (Kurt Busiek, Stuart Immonen; Dolmen): Prestigio en el que se nos presenta a Superstar, un superhéroe convertido en un fenómeno mass-media muy a su pesar. Y sí, el pobre tipo lo pasa fatal porque su único deseo es hacer lo correcto y ayudar a la gente, y no ser el centro de los flashes fotográficos de las revistas del corazón. Pero claro, cuando tu poder proviene de tus fans... las audiencias empiezan a convertirse en algo importante.
Kurt Busiek, guionista de más que sobrada fama dentro del género superheroico, nos presenta una en Superstar una idea interesante y original. Un superhéroe cuyos poderes dependen en primera instancia de que la gente acceda a cederle una fracción de su energía vital, cual trasfusión de sangre se tratara. Ahora, esa gente es un público consumidor, susceptible por tanto de ser más o menos camelado por estrategias publicitarias de variada índole. De forma que Busiek no sólo escribe aquí un cómic de superhéroes al uso, que lo hace, sino que aprovecha para ir un poco más allá y formular una pequeña crítica relativa a la sociedad consumista en la que vivimos.
Por otro lado Busiek demuestra su interés en retratar el aspecto más humano del superhéroe. Cody Bridges, alias Superstar, es alguien que se debate entre lo que de verdad quiere hacer y el precio que debe pagar por ello. O sea, para ayudar a la gente debe no sólo aceptar sino también participar en el juego publicitario, con todo lo que ello conlleva. Y de paso, lidiar con su padre, principal responsable a la hora de vender su imagen y capaz de casi cualquier cosa por la obtención de un beneficio, incluyendo el pasar por encima de todo deber conyugal o paterno-filial. Y precisamente uno de los puntos fuertes del cómic es la forma en que nos hace llegar Busiek el constante conflicto que tiene lugar en el interior de Cody, todos y cada uno de los días de su vida.
Pero además tenemos una trama y un villano al que se enfrentará Superstar que, relacionado con la sucinta crítica a la que aludíamos unas líneas más arriba, pretende tomar el liderazgo de una humanidad que considera en mero estado germinal, latente, pero capaz de llevar a la práctica un auténtico renacimiento humanístico y científico que redundaría en beneficio de todos. Sin embargo, ésto conlleva que el hombre, hasta su eclosión inducida sólo es un ente estúpido, sin apenas capacidad para decidir por sí mismo. Leyendo ésto sería curioso preguntar a un publicista cuál es su opinión sobre la masa consumidora, no?
La historia posee un gran sentido unitario, en tanto cada una de sus partes tiene sentido dentro del conjunto, como se acaba descubriendo a medida que avanza la lectura. El ritmo es correcto, y el final vibrante, como debería ser en todo cómic de superhéroes que se precie. Redondea todo un epílogo donde Busiek expone el tema principal del tebeo, que Immonen plasma con fuerza expresiva.
Y es que Immonen es otra de las bazas con que cuenta el cómic. Su dibujo, en su línea, aporta una elegancia y una rotundidad que no podrían irle mejor al tebeo. Y es que este tío sabe lo que se hace!
En definitiva, un buen cómic de superhéroes para el que gusta del género. Por cierto, hubieran sido dos números estupendos para enmarcar dentro del universo que creara Busiek en su Astro City.