martes, junio 06, 2006

El Valle de las Maravillas 1: cazador-recolector


Valle de las maravillas 1: Cazador-recolector (Sfar; Sin Sentido): Nueva serie del prolífico Sfar, que deberíamos meter dentro del género de fantasía épica si hacemos caso a lo que nos cuenta el autor.
Ambientada en la prehistoria, el autor nos presenta el núcleo familiar de Bote De Miel, un cazador con un tipote bárbaro inspirado en el Conan ya de sobras conocido por todos, y sus aventuras, concretamente en las que le surgen al paso durante una cacería en la que también participa Narizota Busca Nidos, un amigo suyo.
El cómic está en la línea de lo que nos tiene acostumbrados el autor en tanto que la improvisación es la norma. Ideas y conceptos de lo más heterogéneo, o simplemente cosas que le pueden parecer molonas, todo tiene cabida en el tebeo. Todo más o menos hilvanado e incluído a medida que se le van ocurriendo las cosas. Y claro, se nota. Y a veces te paras ante una viñeta y te dices ¿a santo de qué aparecen estos profundos lovecraftianos en estas viñetas, si no vienen a aportar absolutamente nada a la trama? Ah, que le gustan estos bichejos. Ah, vale, pues qué bien. O sea, que nuevamente estamos ante una excusa para hablar de cualquier cosa. A veces es interesante. Otras, completamente irrelevante.
Pero no seríamos justos si dijéramos que este álbum es más de lo mismo. El tono del cómic es diferente al tono más reflexivo que se puede observar en otras obras suyas, donde sus protagonistas sufren por lo que sea, sea amor, muerte...lo que se tercie. Sin embargo, este Cazador-recolector, si no falto de componente trágico sí que posee un tono más optimista, reflejo de una actitud positiva hacia la vida, en tanto que contemplada desde un punto de vista epicúreo. Un disfruta que la vida es corta. Todo enmarcado en un entorno natural, una vuelta a los orígenes, el mito del buen salvaje en definitiva. Volver a una vida sencilla, simple, que se refleja no sólo en lo material sino también en el pensamiento de Bote De Miel, definido a menudo por oposición al del hombre civilizado. Lo que nos trae de vuelta a la figura de Conan como uno de los referentes que deben señalarse como fuentes de inspiración para Sfar, hecho que reconoce en un epílogo final, donde nos explica con viñetas la génesis de la serie y que probablemente es una de las cosas más divertidas y curiosas del cómic.
El dibujo de Sfar es el mismo de siempre, si bien la paleta cromática varía respecto a otras obras, siendo mucho más alegre y viva, casando con el tono del cómic.
Concluyendo, un mero entretenimiento si bien esconde más de lo que aparenta a simple vista. Una lectura fresca y divertida a ratos que posiblemente encante a los fans del autor. Para el resto... bueno, la edición es estupenda y el precio va a juego, así que vosotros mismos, pero yo casi que sólo lo recomendaría a los convencidos.