martes, marzo 21, 2006

Insomnia

Insomnia 1 (Matt Broersma; Sin Sentido): Después de Baobab, que comentaba la semana pasada, me encuentro con otro de esos cómics que me ha dejado descolocado, sin saber a qué atenerme. Y como aquel, viene a encuadrarse dentro de la misma colección Ignatz, publicada aquí por Sin Sentido en una edición deliciosa , como viene siendo habitual.
Insomnia, como nos cuenta el autor en su
página, es una serie abierta dedicada a presentarnos diversas historias. Y aquí encuentro mi primera y principal observación negativa en relación a este cómic. Llegas al fin del mismo y no sabes qué pensar: ¿Disfrutaste el viaje? ¿Sí? ¿No? Si no lo disfrutaste, o al menos no tanto como sería de esperar...¿qué te queda? Porque tras acabar de leer su última página poco hemos podido desentrañar de El Dorado, la segunda y más extensa historia de las dos que presenta el álbum.
Vale, tenemos a un tipo, barman a tiempo parcial y contrabandista de poca monta el resto de las horas y que lleva a cabo sus trapicheos a salto de frontera, entre Texas y México. Que le pierden las mujeres, algo que ha sido así desde que era un chaval. Y que su vida le importa una mierda, hasta el extremo que no le importaría quitarse la vida.
Pese al ritmo del cómic, pausado, abundando en los silencios; o a esos fondos que denotan un conocimiento de primera mano de la localización que les ha servido de inspiración (el autor es tejano); o a la imaginería utilizada, que tanto recuerda a la tradición del Día de los Muertos tan popular en el país al sur del Río Grande; o a la inclusión de recursos narrativos que le dan cierta coherencia general a la obra, y estoy pensando en la conversación que mantienen al principio de la historia dos convictos condenados a trabajos forzados; o a un estilo de dibujo reseñable, sencillo tirando a descuidado, pero con una narrativa hábil que aporta interés al conjunto.
Pese a todos estos elementos, cuyo atractivo y originalidad pueden ser más o menos válidos en mi opinión, Marco Clay, nuestro protagonista, no me dice nada. Lo siento, hasta diría que casi me importa una mierda lo que le pueda llegar a pasar más adelante. Y esta sensación se hace extensiva a la causada por el cómic en líneas generales. No me ha calado en modo alguno. Me ha dejado frío, salvo alguna ocasional sonrisa.