martes, marzo 14, 2006

Baobab, de Igort

Baobab (Igort; Sin Sentido): Difícil va a ser empezar esta breve reseña de este cómic, habida cuenta de su evidente dispersión. Me podréis decir, quienes os lo hayáis leído, que todo se debe al hecho de que se trata de un primer volumen, pero habéis de comprender que no conozco cómo evoluciona la obra más allá de este primer número que es el que acabamos de ver publicado por estos lares. Pero disculpadme, que lo que parece quedar claro de todo esto es que el disperso soy yo.
Baobab es el nombre que recibe un árbol colosal de origen africano. Tal es su magnitud, que en torno al mismo se han tejido diversas leyendas que Igort pone en boca de una anciana japonesa que, una vez tras otra consiente al deseo de escucharlas de su nieto, Hiroshi. Pero cuando la magia que esconden sus palabras comienza a atraparnos, la historia cobra un giro radical, transportándonos a Parador, una población costera suramericana donde un dibujante de tiras cómicas pone por escrito sus surrealistas sueños donde se entreven ecos de supersticiones animistas mezcladas con los recuerdos que conserva de su abuelo. Sí, en efecto, es posible el establecimiento de una conexión entre ambas historias, especialmente por el sentido mágico o fantástico que comparten y que penetra la realidad, pero más allá de ese significado omnipresente debo reconocer que me pierdo después de leer la última página, donde nuevamente la acción se ha trasladado a Japón y acertamos a adivinar un funesto, ominoso presagio de desgracia.
Pero repito...más allá de eso...¿qué hay? Si contemplamos la obra por toda esa carga fantástica que supura es evidente que nos encontramos ante un gran cómic. Todo, ya sea plástico como narrativo apunta a abrirnos a ese mundo que bebe de lo onírico. ¿Pero qué hay de lo que se nos cuenta? ¿Con qué debemos quedarnos, con una historia o con un sentimiento? ¿Por qué no con las dos cosas? ¿Acaso no debería ser ese el objetivo, léase conjugar ambos elementos? Me pregunto qué diría a todo ésto Borges...
Que no, que no me ha acabado de convencer, y mira que el envoltorio es de lo más sugerente (nuevamente, descubrirse delante de la edición de Sin Sentido, respetuosa con la original a cargo de Coconino Press).