domingo, junio 12, 2005

Ronda de reseñas del saló 2 (two)

Nah, nada mejor que empezar el festival de humor con el álbum John Lord (Planeta Langostini). A ver si lo he entendido, la cosa va rollo Se ha escrito un crimen, con la salvedad de que al menos la Fletcher se lo curraba y en su serie pasaban cosas. Y es que aquí ya podemos hartarnos a pasar páginas sin ver que no sólo no evoluciona la acción apenas, sino que además nos regalan una escena tras otra que no aportan nada (nothing, cero) al desarrollo de la trama. Añadamos que los dos protas parecen estar más interesados en dejar constancia de que entre ellos existe una patente tensión sexual o en discutir sobre el liderazgo de una organización presumiblemente gubernamental de dudosa finalidad (elucubración personal al 100 %: o los autores ya hablaron de ella en otro álbum que desconozco/no ha sido publicado por estos lares o bien han tenido el detalle de dejarle al lector que se lo imagine o, finalmente, lo explicarán en un segundo álbum). Pero es que incluso en lo que a la investigación del misterio que nos ocupa, unas muertes conectadas con un patrón criminal común, al lector no le resulta muy complicado averiguar más o menos quien es el culpable (te lo dejan bastante claro, o eso parece), quedando sólo envueltos en sombras las circunstancias que condujeron a perpetrar el crimen (porqué, cómo, etc)... información que para qué os voy a engañar, acaba por importarte bien poco después de ver cómo los protas no se enteran de nada de lo que está pasando, y cuando averiguan algo es por una providencial carta traída por uno de esos secundarios sacados de la manga. Triste, en efecto. ¿Querrá decir algo que casi todo lo que sacamos en claro de los crímenes lo sacamos de leer no más de cinco páginas? (el tebeo tiene 56). Finalicemos no sin aludir a lo insufribles que son los personajes principales, al aburrimiento general que reporta leer el álbum, soso en líneas generales. Vamos, que hay decenas de tebeos mediocres que valen más la pena que éste y los 11 euros que cuesta.
Entonces voy y me leo La Hermandad Blackburne, más Langostini, firmado esta vez (perdonadme si no he dicho quiénes eran los autores del anterior tebeo, pero es que hay cosas que prefiero olvidar) por Fabian Nicieza y dibujado por Stefano Raffaele. Vaya cambio! La historia comienza enganchando, no es un dechado de originalidad ni mucho menos (es más, no dejo de pensar en Delano, John Constantine y un poco en Stephen King), pero se deja leer bien... hasta que se nos desvela de qué va todo, y no sé... como que pierde bastante la gracia, por mucho que se nos demarque el Nicieza con un final como el propuesto. En realidad creo que no hacían falta tres comic-books para contarnos algo que puede hacerse en sólo uno. Lo mejor del cómic, el que nos engañen diciendo en la contraportada que es Una historia distinta a cualquier otra que hayas podido ver en un cómic (...) una amena e inteligente mezcla entre Umberto Eco, Jorge Luis Borges, J.R.R. Tolkien y J. K. Rowling (¿cómo puedes juntar en la misma frase a la Rowling con Borges?). Ah, y la coba que le da Darick Robertson en la introducción. 7.50 euros más que os podéis ahorrar.
Afortunadamente Mildiu cae en mis manos. Lewis Trondheim (sip, el de la Mazmorra), Burz Cómics. Con un argumento tan simple como una persecución entre sus dos protagonistas (un gato en el papel de un dictador que ve como el trono que usurpó en su día es reclamado por el ejército de su legímitimo rey entre cuyas filas se esconde nuestro co-protagonista, un conejo de ingeniosa lengua) por todas las plantas de un castillo, Trondheim consigue nuestra sonrisa cuando no la carcajada. Es irregular, sí, pero hay que admitir que ante su premisa y la extensión del tebeo (¡140 páginas!) es algo a todas luces inevitable. Pero el nivel alcanzado es satisfactorio, con escenas de envidiable consecución (¿alguien ha visto estallar un carruaje de caballos al ser alcanzado por una bala?), no sólo como divertimento sino también a nivel gráfico, evidenciando la faceta experimentadora de este autor. De lo mejorcito leído hasta el momento. Su precio, 10 euros. Para fans de Trondheim, amantes de los Monty Phytons, y todo aquel que quiera pasar riendo 20 minutillos (sip, lo malo, que se lee muy rápido).
Más barato es, en cambio, el Conan de Kurt Busiek y Cary Nord, 1.90 euros por dos números (el primero, el cero, tiene menos páginas ya que viene a ser una especie de preludio donde Conan sólo es nombrado por dos personajes que viven muchos años después de su muerte y que, curiosamente, vuelven a aparecer en la serie allá por el número 15 USA, advirtiéndose la voluntad de Busiek de conferir esa aspecto unitario que durante tanto tiempo todos los fans de Conan le habíamos exigido a la serie). Oh-oh, acabo de destaparme como fan de Conan (ya sabéis, a partir de ahora poned todo lo que diga sobre esta serie en entredicho). Busiek está obteniendo un resultado aceptable en la serie (y con ello ya os avanzo lo que tiene que venir).¿Por qué? Well, para empezar el tío ha decidido seguir adaptando historias clásicas de Howard, lo cual ya le honra, añadiendo cosillas de su propia cosecha a fin de ligar las historias entre sí (aquí hasta veremos números enteros , a modo de fill-in, dedicados a la infancia y juventud del personaje). El resultado, un Conan coherente, al que vemos crecer y evolucionar en función a todo lo que le pase. Esa dimensión cronológica a la que aludí unas líneas más arriba. El principal fallo que le he encontrado a Busiek es que dilata la acción: lo que Thomas te podía hacer en 24 páginas, Busiek lo hace necesitando dos cómics-books más. Algo que no tiene que ser necesariamente negativo, pero acaba dándote la sensación que en las sagas parece que apenas pasan cosas en cada número (aunque no siempre es así). Pero en líneas generales asistiremos con esta serie a una recuperación y puesta al día del personaje que ya le iba siendo necesaria, responsabilidad que Busiek comparte con Cary Nord, dibujante espectacular al que le debemos un diseño francamente atractivo por lo que a concepción de personajes se refiere. Nord no usa tinta y en ocasiones aboceta en exceso (fijaos ecuando dibuja masas de personajes), pero el resultado obtenido es más que aceptable y a todas luces personal y distintivo. Para fans de Conan, amantes de la espada y la brujería y en general, para todo aquel que disfrute con un cómic de aventuras.
Mañana más (si el tiempo me deja).