domingo, junio 26, 2005

El cuerpo

Este post contiene un SPOILER como una casa para los que no hayan visto entera la 5ª temporada de Buffy, cazavampiros, así que, si seguís leyendo, quiero que sea bajo vuestra responsabilidad. ¿Ya? Pues empezamos…
Quiero empezar diciendo que a mí Buffy no me atraía demasiado (me refiero a la serie, no a Sarah Michelle Gellar). Supongo que algo tendría que ver con el hecho de haber visto ese bodrio de película que lleva el mismo nombre algunos años antes. Bueno, a ver, sí que había visto algún episodio y reconocía que no estaba mal, pero no le pillé el gusto hasta que emitieron la quinta temporada en el Canal Plus (es que soy muy inconstante como para seguir una serie tan larga…). Aún así, me perdí el capítulo del que quiero hablar hoy, pero bueno, a lo que vamos, que me enganché.
Hace poco, a mi hermano, que sí estaba enganchado a la serie, le fueron prestando temporada tras temporada en DVD, y yo aproveché para ver los episodios por orden y así constatar lo que había leído en muchos blogs: es la serie friki perfecta. Los efectos especiales y el maquillaje dejan mucho que desear en la mayoría de ocasiones, pero lo importante, los personajes y su relación entre ellos, te hace sentir como si estuvieras leyendo un cómic de la Patrulla-X de Claremont de los buenos tiempos (creo recordar que Rafa Marín en su blog incluso llegó a comparar a algunos personajes con superhéroes Marvel y la verdad es que encajaba bastante bien). Son los personajes, su personalidad, su vida, su forma de relacionarse, de evolucionar, lo que te atrapa. Podría hacer algún comentario de cómo evolucionan todos y cada uno de ellos, y quizás lo haga algún día, pero hoy me centraré en uno o, mejor dicho, en la ausencia de éste: Joyce Summers.
La madre de Buffy, Joyce, aparece casi de fondo en todas las temporadas, aunque, obviamente, tiene bastante protagonismo en muchos episodios. Uno casi (recalco el “casi”) podría decir que es el personaje que menos ha cambiado desde, digamos, la tercera temporada, pero lo más irónico de todo es que el episodio en que el personaje es más importante es un episodio en el que apenas aparece, y cuando aparece no se mueve: “El Cuerpo”.
Whedon tiene una trama para cada temporada, pero de vez en cuando nos da “descansos” de esa trama y, en algunos casos, esos “descansos” se convierten en los mejores episodios de la serie. Tal es el caso de “Silencio” (del que si os parece podríamos hablar otro día) o el que nos ocupa, “El Cuerpo”. Este episodio se podría resumir así: Buffy llega a casa, encuentra a su madre muerta, llama a una ambulancia y a Giles, va a decírselo a Dawn, sus amigos las acompañan al tanatorio y el forense les dice que ha muerto de causas naturales. Oh, sí, al final sale un vampiro, pero es que no tiene ninguna importancia. Punto. Parece poco argumento para casi tres cuartos de hora de capítulo, pero, aún sin haber visto dos terceras partes de la sexta temporada y ningun capítulo de la séptima, puedo decir que este es, para mí, el mejor episodio de la serie.
Para empezar, encaja esto: en una serie donde todas las muertes son asesinatos, de repente (bueno, no tan de repente) uno de los personajes principales muere… ¡debido a un tumor!

Imagináos esto: os pasáis años luchando contra demonios, protegiendo a vuestra familia y amigos de ellos y a la vez temiendo que algún día alguno de vuestros enemigos se cebe con alguna de las personas a las que amáis. Pero no, cuando una de ellas muere, muere por causas naturales ¿Qué pensaríais? “¡Dios, no tiene sentido!”
Luego está la forma de rodarlo: nada de música ambiental, silencio cuando los personajes callan y sus voces cuando se deciden a decir algo, como si estuvieras ahí. El capítulo, además, está formado por sólo 4 o 5 escenas muy largas que te meten de lleno en el dolor de los personajes, en sus pensamientos, en su mellado sentido de la realidad: “No es posible que esto esté pasando. Así no. Así no.” Pero sí. Así sí, la vida es así. Estas cosas pasan cada día. Por desgracia, yo viví algo muy parecido hace apenas dos meses y era así. No tenía sentido. Seguro que si conseguías dormirte, al despertar todo volvería a ser como antes, porque lo que estaba sucediendo no podía ser. Hasta que despertabas y nada había cambiado. Ni tampoco al día siguiente. En fin…
Este episodio también define muy bien a los personajes: Cuando Xander y Anya van a buscar a Willow y Tara se ve perfectamente quienes de ellos son amigos de verdad y quienes son sólo las parejas de los verdaderos amigos. Esto no quiere decir que no lo sientan, pero Xander, Willow, Buffy y quizás Giles tienen un vínculo que los demás no tienen. Se respetan, se aprecian o incluso se quieren, pero jamás podrán entrar en ese círculo que quedó tan bien definido en el hechizo que usó Willow al final de la cuarta temporada cuando Buffy se enfrentaba al “Frankenstein” de la Iniciativa. Y eso queda perfectamente definido por una serie de miradas y gestos cuando los personajes se encuentran.
La reacción de Buffy al descubrir el cadáver es totalmente creíble: ya no es la Cazadora, es simplemente alguien que nunca había perdido a un ser querido y no sabe qué hacer, cómo actuar. Y lo primero que hace es llamar a su padre, claro. A su verdadero padre, Giles, no a su padre biológico. Luego está Dawn: Otra reacción muy normal, una reacción que, también por desgracia, algunos hemos visto: estás en clase, llega un familiar de un alumno y le saca de clase para contarle que su padre o su madre o su abuelo han muerto. Es probable que oigas los gritos, los llantos, desde el pasillo.
Luego viene la impotencia de todos: “Su madre acaba de morir, ¿qué hago para ayudarla?”
No puedes hacer nada más que estar ahí. Eres su amigo y éste es el peor momento de su vida, tienes que estar. Y sin embargo, te sientes tan impotente…
El médico dice que, aunque ella hubiera estado en casa, no habría podido hacer nada. Fue todo muy rápido. ¿Porqué, entonces, se siente tan culpable? Simplemente, por impotencia. No estuvo ahí cuando murió y por mucho que el médico lo diga, no sabe qué habría sucedido si hubiera llegado a tiempo.
Luego, la realidad: tienes que ver el cuerpo para creerlo. Aún podría ser una pesadilla, igual no está muerta. Igual se han equivocado. Porque esto no puede pasarme a mí.
Dawn va a ver el cadáver colándose en la morgue. Tiene que verlo porque no se lo cree. No puede ser. Y sí, entonces sale el vampiro, pero es una simple excusa para que Buffy acuda y que las dos hermanas se enfrenten solas a la cáscara vacía que poco antes era su madre.
“Ya no está”.