jueves, julio 20, 2006

Nana nºs 1 y 2


Nana nºs 1 y 2 (Ai Yazawa; Planeta): Nana es el nombre que comparten las dos protagonistas de este shojo. Dos chicas que aparte de este hecho no tienen mucho más en común, salvo que parecen estar destinadas a encontrarse.
Y es que las dos Nanas no podrían parecerse menos: una de ellas es inocente, cándida, inmadura y no tiene muy claras sus ideas; la otra es todo lo contrario, es una superviviente nata, madura, decidida y sabe perfectamente lo que quiere. Como tampoco se parecen en nada sus situaciones familiares: si una proviene de una familia más o menos bien con varios hermanos, la otra no conoce a su padre y se ha olvidado incluso de cómo era su madre, habiendo sido criada por una estricta abuela de cuya muerte la chica se siente algo culpable. Sí, en efecto, como el día y la noche, así son las protagonistas de la historia.
Pero nana significa también siete en japonés. Y es que dicho número tendrá mucho que ver en el destino compartido de ambos chicas. Después de todo las casualidades, coincidencias o como querráis llamarlas son algo normal y corriente en la historia que nos cuenta Ai Yazawa, la autora del manga, y a la que ya conocíamos por aquí por otra serie, publicada esta vez por Ivrea, Paradise Kiss.
El primer volumen de Nana viene a ser una simple presentación, nada más. Se divide en dos partes claramente diferenciadas, una para cada chica. De hecho, la historia todavía no comienza, en tanto que no se da todavía el encuentro entre ellas. De todas formas, la acción al final de cada prólogo apunta a este inevitable hecho, ya que las dos deciden mudarse a Tokio.
Y como no podría ser de otra manera, su primer encuentro casual tiene lugar en el tren que les conduce a la capital, a poco de comenzar el segundo volumen, iniciándose así propiamente la acción, que se corresponde a su vez con el comienzo de la serialización regular del manga en la revista japonesa Cookie.
Nana no sólo es un buen shojo, sino que sorprende por su original propuesta. La caracterización de los personajes, no sólo de sus dos protagonistas sino también del conjunto de secundarios que rodean a las chicas, es más que correcta, de forma que permite al lector poder anticipar la respuesta de cualquier personaje ante una situación dada, al tiempo que constituye uno de los requisitos en cualquier shojo que se precie. Otro acierto es el hecho de que en sus páginas el drama pueda convivir con el humor sin problemas, algo que se refleja en el estilo de dibujo de Ai Yazawa, que no duda en recurrir a la caricatura cuando la ocasión lo requiere. El ritmo, por otro lado, permite una lectura fluída, donde incluso los flashbacks no ralentizan la acción, sino que la complementan y enriquecen con matices que denotan el interés por el detalle de la autora, rasgo que, en otro nivel, puede observarse en las portadas del manga, directamente relacionadas con lo que leeremos en el cómic y dotadas de una continuidad muy original.
El estilo de dibujo es estilizado, elegante, bastante diferente a lo que estaba acostumbrado a ver dentro del género. Resaltar también aquí el detallismo al que hemos acabado de aludir; Yazawa muestra un evidente interés por el diseño no sólo de sus personajes sino también de su vestuario.
Pero sin duda alguna el principal atractivo de Nana es su argumento y sus dos protagonistas, con las que resulta muy sencillo entablar una relación simpática al poco de comenzar sus respectivos relatos. Lo dicho, lectura obligada para todo aquel que guste del género. Y si, como yo, no os apasiona esta temática, igual hasta os lleváis una sorpresa y os encontráis con una lectura divertida unas veces, dramática otras pero siempre interesante.