martes, abril 25, 2006

El minúsculo mosquetero 1: La Academia de Bellas Artes

El minúsculo mosquetero 1: La Academia de Bellas Artes (Joann Sfar; Norma): Nueva serie de Sfar.Mierda, en tanto me obliga a una cosa: a leerla. Quizás esta vez aclara mi opinión sobre este hombre. Porque Sfardesata en mí sentimientos contradictorios. Le amo y le odio, sólo que por lo general uno de los dos platillos de la balanza pesa un poco más que el otro. Y con cada álbum me pasa tres cuartos de lo mismo.
Y como decía, otra serie. Fijaos la estupidez y lo absurdo del planteamiento inicial: un mosquetero deseoso de librarse de unos quilitos de más, algo que ya de por sí contradice la forma de ser del tipo como después caemos en la cuenta, se toma un brebaje que le disminuye de tamaño, convirtiéndole en lo más parecido a un liliputiense. De hecho, el cómic ya nos lo presenta, desde la primera página, reducido en cuanto a tamaño. Afortunadamente para él, descubrirá que su condición no es la excepción sino la regla. Porque existe una Pequeña Francia (a este hombre le encantan los juegos de palabras), reflejo de la nación conocida por todos nosotros, gigantes a ojos de nuestro héroe, donde podrá vivir sin sentir complejo alguno. Es más, transcurridas unas páginas la palabra minúsculo del título pasa a no tener significado alguno, porque en esa Pequeña Francia no hay gigantes, ni falta que hace, sino sólo gente diminuta. Y es que un detalle como éste nos sirve para identificar uno de los rasgos habituales en toda obra de este autor: ¿Para qué guión? ¿Acaso no es lícito inventarse la acción a medida que ésta va avanzando? ¿Que no es muy coherente? ¡Es que no pretendo serlo!
Ahí está la clave de este álbum. Joann tenía muchas ganas de contarnos algunas de sus inquietudes, ideas, ocurrencias y chiscarrillos en un tebeo. Da igual cuál fuera. Y acabó siendo éste. Y se nota. Vaya si se nota. Chiste detrás de otro al respecto del tema de turno, tónica que podrá verse alterada por la inclusión de alguna reflexión más seriota. Y por supuesto, el sexo. ¡Oh tema entre temas! Aquí Sfar nos hace partícipes de sus ideas sobre la materia, abordando sus múltiples facetas: cómo nos vemos unos a otros, la libertad sexual, la concepción de la pareja...
Por lo demás, nada más, aparte del surrealismo marca de la casa y al que ya deberíamos estar acostumbrados ¡Es que no se encontramos hilo argumental alguno! Bueno, a la mitad o así advertimos algo parecido a una trama que se dirige hacia algún sitio, pero acaba por ser una falsa alarma. Así que depende de cómo veamos el cómic cada uno de nosotros, vulgo en general. Tan pronto os puede parecer lo más parecido a una tomadura de pelo, donde me situaría yo, como os puede parecer una jodida-obra-maestra-tan-clara-y-distinta-como-si-el-mismo-Descartes-se-hubiera-levantado-de-la-tumba-y-la-hubiera-incluído-en-su-postulado-sobre-la-Verdad. ¡Tanto es así que hasta hay hasta gente que ha galardonado este álbum con un premio! ¡El Premio Internacional de la Ville de Geneve 2001! Ahí es nada. Si es que debo ser gilipollas por no verlo.
Ahora que Sfar sigue siendo un tipo solvente gráficamente: Su capacidad para crear atmósferas, donde el color tiene una importancia fundamental; la habilidad que demuestra en sus puestas en escena; la captación de lo cómico, recurriendo a un estilo caricaturesco y expresionista inconfundible. Me encanta.
... ¿Véis a lo que me refería antes? Y encima para más cojones va ¡y me sitúa la acción en un marco histórico y geográfico que constituye una de mis debilidades! ¡Sólo faltaba que parte de la historia transcurriera en la mar! Y seguro que el cabrón éste, sólo para joderme, acabará sacándome un barco en la serie. Como si lo viera.
En fin, no sé qué deciros. ¿Qué cara pondríais al pensar en un crossover Cyrano de Bergerac-Barón de Munchausen? Consultad vuestra mueca. ¡La mueca lo sabe!