martes, febrero 28, 2006

La biblioteca de Turpín

La biblioteca de Turpín (Max; La Cúpula): Uno se acercó a Max cuando todavía era un tierno púber al que sus padres abandonaban en la biblioteca local de mi pueblo que, por extraño que pudiera sonar allá por mediados de los 80 ya contaba con un más que interesante fondo de cómic del que se hacía por aquel entonces. Y con siete u ocho añitos uno se leyó las historias de La Muerte Húmeda. O sea, heavy metal. Dicen que a esas edades los niños son muy receptivos, y mi caso lo corrobora, pues obsesionado con aquellas historias no fue hasta hace relativamente poco tiempo que no averigüé dónde estaban recopiladas. Porque desafortunadamente mi primer encontronazo con Max no creó hábito de leer al barcelonés... cosas de la edad, supongo.
Todo este rodeo para poner en situación al lector ante el cómic que tenemos entre manos, La biblioteca de Turpín. Porque no, este cómic no cayó en mis manos cuando fue publicado por primera vez en las páginas del suplemento semanal El pequeño País , a finales de aquella década. Una lástima, porque aunque cualquiera puede acercarse a sus páginas hubiera dado lo que fuera por que la lectura que de él hice ayer la hubiera realizado en aquel entonces, en el que uno contaba con 12 añitos (el animalico). Y es que La biblioteca de Turpín es un cómic idóneo para esas edades en el uno va descubriendo el mundo que le rodea.
Porque en el cómic, dos primos, Cris y Óscar se cuelan en casa de un pintoresco personaje, un inventor turco llamado Turpín, que les pide ayuda con un pequeño problema: resulta que había descubierto una tinta que le permitía entrar e interactuar en el universo de los libros, pero desafortunadamente había perdido su fórmula. Así que los dos niños se ofrecen a echarle una mano, para lo cual deberán entrar en varios libros de su biblioteca a la búsqueda del sombrero de Turpín en cuyo interior se esconde el papelito con la fórmula garabateada. Casi nah.
Así, los chicos irán saltando de libro en libro, descubriendo obras y autores de lo más variado. Pero no sólo de novela, desde los clásicos griegos a la novela policiaca victoriana, vive Turpín sino que en los estantes de su casa tienen lugar también obras sobre biología, geografía o arte y que suponen un original cambio de escenario para los dos protagonistas, ligado a una voluntad de experimentación por parte del autor.
Todo con un sano sentido del humor y un grafismo muy atractivo, simple pero tremendamente efectivo en el plano narrativo. La norma en la composición de la página es bastante clásica, muy de línea clara, pero a veces se permite la inclusión de recursos que se salen un poco de lo habitual, como el paseo que se dan Óscar y Cris por un atlas geográfico. Uno de los atractivos indiscutibles del tebeo es que entra mucho por los ojos, donde el color ocupa un papel muy importante junto a la geometrización de las formas, rasgos que contribuyen a constituir el estilo de este dibujante.
En definitiva, un gran tebeo, inteligente y divertido, especialmente dirigido a un público infantil y juvenil.