domingo, febrero 26, 2006

Corben is back: Bigfoot

Bigfoot (Steve Niles, Rob Zombie, RICHARD CORBEN; Norma): Sí, niños y niñas, las mayúsculas tienen su sentido, pero no en el que la mayoría de vosotros pensaréis. Pero no nos adelantemos.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Sabiduría es lo que se esconde tras esta sentencia. Y por piedra considérese lo que se quiera. En mi caso ese pedrolo es Steve Niles. Una y otra vez acabo estrellándome con los cómics de este tío. ¿Por qué? No tengo ni la más puñetera idea, más teniendo en cuenta que cada vez que acabo uno me entran ganas de sustituir el papel de batalla del baño por las páginas del tebeyo en cuestión. Este tío no hace cómics sino que incurre en delitos de lesa majestad. Pero uno, que es gilipollas y le gusta el género preferido de este perpetrador (uséase, el terror) no para de caer, no una sino las veces que hagan falta. En mi defensa, decir que al menos sus tebeos se leen rapidito, que si no ya haría tiempo que hubiera dejado de hacer el panoli.
Porque sí, una vez más el Niles, esta vez acompañado de un freaky de pro como es Rob Zombi, la ha vuelto a cagar. Sí, he dicho cagar porque más que realización de un cómic estamos ante un ejercicio de evacuación, ruidosa a más no poder.
Imaginad. Niño ve como sus padres son asesinados por una criatura de una maldad inusitada (que al final resulta que mala, lo que se dice mala no lo es tanto, pero eso ya es otra cosa y que no merece que os spoileemos miserablemente). Traumático, vamos. El chaval crece, marcado por las consecuencias de aquel desafortunado suceso y una vez llegado a la edad adulta asume el firme propósito de enfrentarse al demonio que arruinó su vida.
Hasta podría resultar interesante. Si nos ciñéramos a cómo os lo he contado y no de forma superficial e intercalándolo entre escenas varias de asesinatos regados con abundante casquería y que parecen tener el dudoso propósito de hacernos reir. Rob, macho, tu sombra es alargada de cojones. Porque así es como se desarrolla la premisa básica que os había presentado.
Llegados a este punto tenemos una cosa clara: la historia que nos cuentan, de principio a final (por cierto, vaya desenlace), no vale el hecho de haber sacrificado a cuantos árboles hayan hecho falta para que podamos leerla.
Pero entonces aparece CORBEN.
Oh-CORBEN.
Ahora es cuando los seguidores de esta autoridad comiquera se quitarán el sombrero, se bajarán las cremalleras de sus pantalones y, sacándose sus respectivos órganos acometerán el ejercicio masturbatorio.
Corben.
Me encanta la pasión que ejerce este hombre entre sus fans. Es tal que hasta cuando firma un tebeo como el que nos ocupa desencadena torrentes de elogios susceptibles de elevar este cómic a la categoría de entretenimiento. No discutiré la habilidad de este autor en obras pasadas, pero quien me diga que hace un gran trabajo en Bigfoot creo que debería hacérselo mirar.
Dos splash pages dobles. Una impactante pero de ejecución grotesca. Otra innecesaria y confusa. Confuso. Calificativo que podríamos aplicar a un buen número de viñetas, especialmente del principio del cómic. Confuso en tanto no sabes muy bien qué mierdas está pasando ante tus ojos. Sí, se están hostiando. Pero es eso un brazo que agarra de qué forma a...¿qué? O...ese perro ha sido aplastado contra una superficie...¿vertical, horizontal? ¿Porque era un perro, verdad? ¿El mismo de hace unas páginas, no? Porque a mí me parece más un engendro infernal que otra cosa...
Pero ojalá nos quedáramos ahí. El ahorro de lápiz es alarmante. Encontramos páginas en las que la norma son las masas de negro. Claro, que dibujando a un bigfoot... es como ponérselo a huevo. Bigfoot que, por cierto, me parece más un gori (¿se llamaban así, no?) de Fraguel Rock. Y claro, el efecto que produce es cómico en más de una escena. Y es que empezar un cómic matando a Bambi no puede augurar nada bueno.
Vale que el menda use enfoques originales (ma o meno) en algunas viñetas, pero la impresión que me da el trabajo de Corben en este cómic es el de mero trabajo secundario, hecho deprisa y pa sacarse unos dólares. Porque tío, es CORBEN, y eso vende. ¿Recuerdo mal o IDW lo publicó originalmente con más de una portada? Si me equivoco que alguien me corrija, por favor.
Pero el cómic, y más concretamente la edición de Norma tiene algo bueno. Leemos en la contraportada: Un cómic destinado a convertirse en un clásico del género. Clásico. Me encanta el palabro. Porque el fan de Corben ama esa palabra, hace que sus entrañas hiervan con pasión y nostalgia al mismo tiempo. Jugada maestra. Lástima que vaya entonces el Carles M. Miralles y nos regale un articulillo final centrado en la figura de CORBEN, en el que decide hacer gala de su gran cultura mentándonos a William Hope Hodgeson (así, en negrita), como autor de La casa en el confín de la tierra, relato adaptado por CORBEN. Sr. Miralles, un poquito de cuidadín al documentarse, especialmente cuando ha de mencionar a un autor famoso, que queda muy mal lo de escribir mal su nombre. O pongan un corrector al menos, que tampoco es muy caro.
En resumidas cuentas, un despropósito más, perpetrado a tres bandas y que desafortunadamente sospecho que no acabe convirtiéndose en el clásico que vaticinan algunos mirando por sus bolsillos.
Si queréis leer otra reseña más benévola, clickad aquí (Álvaro Pons; La Cárcel de Papel; buscad por bigfoot)