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domingo, mayo 17, 2009

X-Men Annual 11 o Patrulla-X Especial Verano 1988


El X-Men Annual 11 es un tebeo excepcional.

En 40 páginas la humanidad se enfrenta no sólo a su destrucción, sino a su viabilidad o no como especie. Se nos presenta a casi una decena de personajes in media res y se les hace evolucionar sin que en ningún momento tengamos dudas acerca de quiénes son y porqué actúan de la forma en que lo hacen. Y es un cómic especial, una aventura autoconclusiva al margen de la serie mensual, cuyo objetivo es dar un “algo más” adicional a la oferta regular. Como tal, la historia es memorable y profunda y al mismo tiempo no resulta imprescindible para la compresión de las andanzas de los mutantes si alguien no puede o no quiere leer dicho Annual. Un curioso, y difícil de conseguir, equilibrio.

Los textos y los diálogos de Claremont, son concisos, llenos de información y van directos al grano. Tom Orzechowski los engarza en la página como joyas en la diadema diseñada por un Alan Davis pletórico, que dibuja lo que le da la gana y bien, sean escenas de época, ruinas de un palacio de cristal, la ascensión a la omnipotencia de Lobezno, una mansión en Westchester, gente vestida de calle, de superhéroe, a la moda japonesa, de samurai o de conquistador intergaláctico. Por no mencionar la gestualidad de los personajes, la composición de página, la espectacularidad, los planos, la acción, la ambientación...

Y la narrativa. Dios, la narrativa que te permite seguir la historia sin necesidad de leerla, porque Davis es un dibujante de cómics, no un ilustrador o un pintor y por tanto un historietista de primera categoría que con sus imágenes te traslada los sentimientos, emociones, mensajes e información que la historia pretende transmitir.

Por todo eso, el X-Men Annual 11 es un tebeo excepcional.

Y tendría que estar en las mesas de trabajo de toda la gente que escribe y dibuja superhéroes hoy en día.

Y en las de las personas que los editan.

Distant Fires de Chaykin, Kane y Knowlan

¿No estáis tan cansados como yo de soportar la definitiva última historia de tal o cual héroe? ¿Cansados de ver morir a todos sus amigos y familiares? ¿Cansados de verle en un entorno apocalíptico y/o alternativo en el que hasta él podría morir y, usualmente, muere? ¿Cansados de que los autores desaprovechen la oportunidad que les brinda esta premisa fuera de continuidad para explotar al máximo las características de esos personajes y devolverles la chispa que a menudo han perdido durante la explotación de sus aventuras a un ritmo mensual?

Todo aficionado que se precie ha vibrado con este subgénero dentro del cómic de superhéroes ya que en él se les enfrenta con su desafío definitivo y, por tanto, se multiplican las posibilidades de que actúen acorde a su auténtica y heróica personalidad, dando lugar a una, posiblemente, épica, emotiva e, incluso a veces, definitoria y definitiva historia. Sin embargo, tras los primeros Días del Futuro Pasado, Dark Knight, El Hombre que lo Tenía Todo y otras (pocas), la espontaneidad, alegría y emoción han ido esfumándose casi con la misma rapidez en que estas historias han devenido subgénero sujeto a todos los tópicos que han ido acumulándose con el tiempo y la sucesiva aparición de historias de futuros alternativos, Otros Mundos y Kingdom Come varios. Parece que, con el mero uso de esta premisa (brillante en su concepto, es cierto, y original, aunque ya cada vez menos), los autores de estas historias ya lo tienen todo hecho y se limitan a repetir el esquema una y otra vez. Como ejemplo tenemos, a vuela pluma, La Última Historia de los Vengadores, Kingdom Come y, aunque un tanto de refilón, este Distant Fires, pese a que cada mes se suele apuntar alguna más a la lista, ya sea vía What if…, Elseworlds o la nueva realidad alternativa vía lavado de cerebro que sus enemigos quieren imponerle a la LJA mes sí, mes también en su serie regular (en un número Batman incluso propone que deberían pensar una defensa contra este tipo de ataques porque ya van…).

Así, se nos suele presentar un futuro más o menos lejano en el que algo grave ha sucedido (algo que normalmente va asociado a la muerte de muchos superhéroes) y que ha obligado a los héroes a replantearse su papel. Sin embargo, surge una amenaza que hace que los personajes, poco a poco, vuelvan a salir de debajo de su orgullo herido al tiempo que se nos informa con mayor detalle de qué fue lo que pasó realmente para que tiraran la toalla. Al final, ganan al malo, el héroe que no las tiene todas consigo vence sus miedos y participa en el combate y los héroes reasumen su posición en el statu quo, pese a lo sufrido y a las nuevas bajas que la contienda ha generado. Y, habitualmente, hay chiste final y muchos guiños estúpidos a los lectores que están algo puestos en materia superheroica.

Este Distant Fires se apunta a la tendencia presentándonos la Tierra tras el Holocausto nuclear. Un Superman sin poderes vaga por ella replanteándose su cordura hasta hallar una comunidad de supervivientes compuesta por antiguos aliados que también han perdido sus habilidades especiales (y el Joker su locura). A partir de aquí la cosa se pone, no sé, un poco Kingdom Come y el Capitán Marvel, dolido por que Wonder Woman ha preferido al kriptoniano en lugar de a él, se monta una comuna alternativa con los partidarios de exterminar a la humanidad para que ésta no vuelva a cagarla y acaba provocando el fin del mundo tras la consabida batalla entre los dos bandos. El chiste final: Superman envía a su hijo (y de Diana) al espacio, tal y como hicieron sus padres con él, rememorando la destrucción de Krypton. El guiño: lo hace en una nave espacial que fabrica con el anillo de poder de Linterna Verde (que se han encontrado porque sí en el transcurso de la historia).

¿Que con este argumento se podría conseguir una historia épica, vibrante y emotiva como hemos dicho? Sí, pero lamentablemente en las 64 páginas que ocupa no se va más allá de lo dicho. El argumento lo resume todo. Eso es todo lo que pasa y poco más es lo que el lector que aborde la lectura del cómic se encontrará a nivel de guión. Ni tan siquiera el desarrollo es interesante, ni las escenas son trepidantes, ni hay emoción, ni humor. El tono en general es bastante apagado. El apartado gráfico es otra cosa: Kane y Knowlan, con eso todo está dicho. Lástima que Chaykin no se aprovechara de ellos y les diera tan poca cosa que contar[1]. Y eso por no hablar de la premisa argumental en que se sustenta la historia: los supervivientes han perdido sus poderes como efecto del Holocausto (¿) y el Joker su locura (¿). Como efecto de las invocaciones del Capitán Marvel para recuperar su poder y vengarse de Superman todos empiezan a recobrar el suyo (¿) y la Tierra, aún resentida por el Holocausto, empieza a partirse como una cáscara de nuez (¿)[2].

En pocas palabras, una historia un poco vista, en demasiadas páginas y sin demasiada gracia.
+++

[1] Aunque la otra opción es que Howard les proporcionara un argumento al estilo Marvel y luego dialogara las páginas que le entregaron, cosa que, conociendo la obra de Chaykin, parece más probable y disculparía algo su parte de culpa en esta historia.

[2] Todo ello tal vez se deba, si la teoría de la anterior nota es correcta, a los esfuerzos de Chaykin por dar una mínima explicación (sic) a la forma en que Kane y Knowlan escogieron para contar la historia en imágenes, coherente con ella misma, pero tal vez no desde un punto de vista lógico.

viernes, mayo 08, 2009

Final Crisis: Una Conversación


Felipe: Morrison ha querido hacer con este cómic un homenaje al Cuarto Mundo de Kirby y hacerlo evolucionar utilizando ideas previas de su colección Seven Soldiers: Mister Miracle y, en parte, su saga JLA: Rock of Ages donde dio su particular visión de la Ecuación de la Antivida y el Control de Darkseid.

Jaume: En efecto.

F: Pero creo que en algún momento en la creación del guión recurrió a las drogas caducadas de Arkham Asylum, el peyote de Animal Man y tuvo un delirio en el que creyó escuchar a Kirby.

En ese preciso instante se produce una división en Morrison: en su delirio de escritura automática cree haber hecho un cómic-homenaje a Kirby y sus creaciones pero lo que hace es pervertirlas y convertir Final Crisis en una historia autoreferencial de la cual el mismo Mark Waid se sentiría orgulloso.

J: No estoy de acuerdo. Creo que es un tópico utilizar el tema de las drogas en cualquier análisis de la obra de Morrison, cuando al final sus obras suelen ser igual de cerradas que las de Moore, aunque a veces no lo parezcan. Moore es más claro a la hora de atar los cabos sueltos y no te suele dejar ninguna duda al respecto. Morrison te deja a veces, no siempre, dudando, con la cabeza en las nubes, pero las relecturas ponen las cosas en su sitio (aunque también tiene tebeos que son un delirio sin sentido y una gilipollez, pese a que sean los menos).

Por otro lado, no creo que pervierta la obra de Kirby. En todo caso hace una nueva versión del Cuarto Mundo, que total sólo dura lo que dura Final Crisis y de la que sólo vemos a los malos (los dioses de Nueva Génesis sólo aparecen en una viñeta final). Habría que esperar a ver a los Nuevos Dioses del 5º Mundo para ver como se desarrolla la cosa. Y el gran homenaje está en la viñeta con Kamandi, los hombres tigre y la capa de Superman.

Y sí, es una historia autoreferencial, porque al igual que su Batman, es un cómic en el que se nota que él es el guionista y no cualquier asalariado, pero no es imprescindible haber leído cosas de Morrison para entenderlo, pero está claro que remite a todo su trabajo superheróico desde Animal Man, pasando por Seven Soldiers, etc. A mi esto ya me aburre un poco porque ya conozco sus temas de fondo y empieza a repetirse con el tema de la exaltación del ideal superheróico. Preferiría que volviera a sus trabajos más personales y dejara los superhéroes por una larga temporada.

F: La utilización de las drogas era una broma. Me baso en sus declaraciones sobre Arkham Asylum, que guionizó bajo efecto de las drogas, y una entrevista de hace poco donde dijo que mediante drogas contactó con Kirby y el Cuarto Muro. Esta broma se relaciona con la estructuración del cómic.

De acuerdo que hace una nueva versión, pero los personajes se desvirtúan mucho respecto el original de Kirby y es muy difícil en ocasiones conocer todas las referencias ralentizando en ocasiones la lectura (por ponerte un ejemplo lejano: Avengers Forever de Busiek, aunque éste si se explica mucho todo). No me refería a Morrison y sus cómics y estilo de escritura, sino las referencias Kirby. Yo también quiero al viejo Morrison.

¿Qué referencias hace a su propia obra Morrison? Te falta el homenaje a Omac de Kirby cuando Renee Montoya (Question) se convierte en la primera policía de la paz del futuro.


F: FC es una historia potencialmente interesante en sus ideas pero con grandísimos errores de planificación: la historia se va dispersando a cada número, no se conocen a los personajes, algunos aparecen y desaparecen, los superhéroes son genéricos, aúna mitología clásica con superhéroes, de una viñeta a otra cambia la situación sin explicaciones...

J: ¿Es en todo lo que dices diferente de cualquier otro crossover que hayas leído (Fire from Heaven, Infinite Crisis, etc)? Por lo menos aquí, la narración de estilo fragmentario es marca de fábrica de Morrison (creo que hay etapas de su JLA que son más complicadas de entender) y está justificada porque la corriente temporal se va fragmentando debido a la caída del 4º Mundo en el nuestro (por eso las escenas son cada vez más cortas y pasan a ser sucesiones de viñeta a viñeta).

F: Los crossovers a los que te refieres sí se entienden: From Heaven mal guionizado y Infinite Crisis se entiende aunque no te guste el guión. El estilo fragmentario es bueno cuando superficialmente da esa impresión, pero interiormente está estructurado, pero en este caso se va dispersando. La JLA de Morrison que sufre este tipo de problemas era One Million y World War Three. Creo que la explicación que das es el proceso de tu reflexión más que la impresión en los cómics (no se percibe en la lectura ni parece existir esfuerzo consciente de explicación).

Otro punto importante es que la serie no es una crisis, por una vez dan ganas de leerse las series previas como la Muerte de los Nuevos Dioses (bastante caro por cierto) para entender FC y no como Infinite Crisis que creó miniseries que no tuvieron impacto en la principal y para solucionarlo publicaron especiales, sino el ascenso de unos Nuevos Dioses y Darkseid como el Dios absoluto.

J: Hombre, supongo que puedes leerlo, pero tampoco hace mucha falta. Pero es un megacrossover, es decir, realmente para entenderlo todo bien y saber lo que estás viendo no sólo te tendrías que comprar la Muerte de los Nuevos Dioses, también Infinite Crisis, la Batalla de Bludhaven, Countdown, Jaquemate, etc. Pero eso no es culpa de Morrison, los megacrossovers "críticos (de Crisis)" afectan a todo el Universo y exigen un conocimiento previo del mismo. Un conocimiento extenso además.

F: Final Crisis, como ya escribí anteriormente, es homenaje a Kirby y obvia parcialmente elementos e historias del actual Universo DC, por lo tanto no es necesario leer los cómics que has escrito. La muerte Nuevos Dioses sí porque podría considerarse un prólogo verdadero a la colección. Esta vez los crossovers no han afectado al Universo DC y Morrison ha tenido bastante libertad, en teoría.

J: Sí, no es necesario leerlos, a menos que quieras saber quién son Jaquemate, qué ha pasado en y qué es Bludhaven, por qué es mala Mary Marvel, quiénes son los Monitores, de dónde han salido los Alpha Lanterns, etc. Por extraño que parezca la gente no tiene un conocimiento intuitivo de estas cosas, necesita que se las expliquen o leerlas antes. Además, como dijo el sabio: “no se conoce a los personajes” ;)

F: El plan de Darkseid es confuso y estúpido: el personaje negro de Dark Side era Darkseid y convertir a Turpin en su portador no tiene sentido porque el Cuarto Mundo siempre tuvo contacto con tierra DC mediante Boom Tunel.

J: En esto no te entiendo. Me parece que los Nuevos Dioses se reencarnan en humanos porque Apokolips y Nueva Génesis y en general el plano de existencia que los albergan han sido destruidos y por eso huyen (se "descargan" en cuerpos humanos). Y es la tensión del 4º mundo descargándose en el nuestro lo que causa la crisis, la fragmentación temporal, etc.

F: Seven Soldiers: Mister Miracle, escrita por Morrison, es la miniserie donde se descubre la llegada de Darkseid y compañía en cuerpos humanos y fue muchísimo antes que Final Crisis y la Muerte de los Nuevos Dioses. Si el Cuarto Mundo fue destruido no tendría sentido la tensión espaciotemporal porque anteriormente ya habían llegado. Es una pequeña incongruencia argumental.


F: El plan de Libra para convencer a la Sociedad Injustícia es absurdo porque podrían hacerlo ellos mismos. Luthor está lobotomizado y es una veleta.

J: No puedes hacer un megacrossover sin que aparezcan los villanos del universo DC ni sin explicar qué pasa con el Espectro. Es tradición.

F: ¿Aparecía el Espectro?

J: No, pero creo que explican el porqué de su no intervención en el asunto, que es a lo que me refería.

F: La aparición de Barry Allen es bastante gratuita.

J: La reaparición no me quedó claro ni si la explicaban, mira tú por donde. Pero la verdad es que me la suda. Que hagan lo que quieran. Es de estas cosas que estás viendo como Dan DiDio mete la figura de acción de Barry Allen dentro del cómic tan claramente que ni te importa que te lo justifiquen a nivel de historia, porque sabes que es un puro movimiento de marketing.

F: La reaparición de Barry Allen es visto y no visto y con una explicación de su papel bastante confuso. Parecía el as en la manga para precipitar el final de la miniserie.


F: La marca de Metron como salvación contra la antivida.

J: Esto funciona a nivel alegórico, mitológico. Metrón como dador del fuego, inventiva humana, etc. y de hecho el fuego tiene un papel importante durante toda la serie. Pero no sé muy bien cuál es el interés de Metrón a nivel personal en esto. Supongo que salvar la existencia. Eso sí, durante toda la serie no es que la marca les sirva para mucho a los héroes.

F: Como siempre ha demostrado Metron tiene sus propias metas.

F: Final Crisis 7 es una tomadura de pelo porque son viñetas que no están conectadas argumentalmente ni narrativamente.

J: Ver mi explicación en párrafos anteriores.

F: Superman y la historia del vampiro no se entiende (no he leido Beyond por 3-D, pero pienso que un cómic ha de entenderse por sí mismo y no comprándose especiales, aunque el origen de Libra de Len Wein me gustó) y es un final deus ex machina para justificar la salvación del universo mediante una máquina que supuestamente es del futuro y que Superman crea como un Prometeo moderno.

J: Te guste o no Superman Beyond es parte indispensable de Final Crisis, aunque los gilipollas de DC no lo anunciaran así ni fueran a meterlo en principio en el recopilatorio!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Y sí, lo de la máquina milagrosa es un deus ex machina con todas las de la ley.


F: Después de haber leído Final Crisis me dieron ganas de tirarlo por la ventana o reciclarlo pero como eran de Victor no lo hice.

J: Víctor seguramente te lo agradece.

F: Morrison con éste cómic ha conseguido que se me quite, en parte, las ganas de leer cómics suyos o de DC.
Incluso Marvel con sus bluffs y blockbusters es más coherente argumentalmente.

J: Lo que has dicho!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ;)

F: Hablo de coherencia argumental no de calidad argumental. Marvel tiene coherencia (presentación-nudo-desenlace) pero no calidad (House of M, Civil War, World War Hulk, Secret Invasion). Las pocas ganas de leer DC las sigo manteniendo pero en descenso y a Morrison siempre le daré una oportunidad.
Ya me contestarás. Que Kirby te acompañe.

J: Está aquí al lado, conmigo. Siempre.
Talueg!

jueves, abril 30, 2009

JLA Titanes de Devin Grayson y Phil Jiménez

Hay momentos durante la lectura de The Technis Imperative en los que uno no sabe si está leyendo un Who’s Who de los Titanes, un libro de referencia de su juego de rol detallando sus bases de operaciones y lugares comunes de la colección o un parco remedo de Crisis en Tierras Infinitas.

Grayson y, especialmente Jiménez, con un estilo más que deudor del de George Pérez, se dejan llevar por su adoración por el grupo y por su interés en convertir la miniserie en un vademécum para (¿los profesionales que trabajen en?) el futuro título mensual de los Titanes. Estos loables objetivos se traducen en la virtual aparición en escena de TODOS aquellos que alguna vez fueron Titanes y sus respectivas fichas en medio de la historia. Así, el escueto argumento se hincha en exceso y se ve lastrado por la cantidad de personajes que, en su mayor parte, apenas tienen una línea de diálogo y escenas que serían igualmente efectivas desarrolladas en un par de páginas se extienden durante casi veinte, agotando la paciencia y diluyendo el interés del lector. Esto conlleva problemas de ritmo y minimiza el impacto de los puntos de interés dramático que se pierden entre tanta página innecesaria (todas, por cierto, con casi quince mil viñetas, tanto si son escenas de pelea, como si en ellas se produce alguna revelación pretendidamente sorprendente).

Teniendo esto en cuenta, lo cierto es que estas ciento y pico páginas de conflicto continuo, tanto físico como emocional, no me parecerían tan insípidas si por lo menos la acción estuviera bien llevada, pero Grayson y Jiménez juegan a la JLA de Grant Morrison, dividiendo a los grupos por todo el mundo y manteniéndolos en contacto telepático, y se estrellan estrepitosamente, copiando sólo la forma y no la adrenalina, ofreciendo unas Crisis a nivel reducido en las que todas las situaciones se resuelven con incesante verborrea y de forma burocrática y plana. Si ambos hubieran conocido de algo llamado síntesis, a lo mejor en esta historia hubiera cabido la palabra emoción.

Orquídea Negra de Neil Gaiman y Dave McKean

Escrita siguiendo la moda de revitalizar personajes desconocidos del pasado de la DC (inaugurada a raíz del éxito del Swamp Thing de Moore), Orquídea Negra resulta un producto aparentemente maduro, bonito e intelectual que un mínimo análisis coloca en una posición no tan ventajosa desde el punto de vista del mero entretenimiento.

La historia se desarrolla de forma morosa y paulatina (una de las constantes de muchos trabajos de Gaiman), sin altercados, con un ritmo que, aunque lento, se nos antoja constante. Ello, por otra parte algo nada fácil de conseguir, es uno de los principales handicaps de la obra, ya que esa forma de desarrollar una arquetípica trama de persecuciones, asesinatos e investigación es realmente anticlimática y, según cuáles sean tus gustos, aburrida. El poco hincapié que se hace en los sucesos importantes los desdibuja y los pone a la altura de cualquier detalle sin importancia de la trama, amen de que la poca sangre, y carisma, de los protagonistas no invita a preocuparse mucho por su destino y, ay, por el desarrollo del resto del cómic. Gaiman (no) aborda de la misma manera todos los planteamientos ecológicos y digamos profundos que están presentes en la historia: enunciándolos, a veces de forma burda, y sin profundizar en ellos, contribuyendo a que el interés de la historia se diluya aún más y justificando que el último ejemplar se cierre con un sonoro ¿y qué? por parte del lector.

El estilo fotográfico de McKean contribuye a ese alejamiento del lector ya que aunque todo el mundo parece real, en realidad, lo que parecen son perfectos desconocidos reales (por no hablar de lo tediosos que llegan a ser esos constantes planos medios de la misma gente).

Pese a ello la historia está bien escrita, perfectamente estructurada (casi a la manera de un guión cinematográfico, con un abundante uso del raccord visual para enlazar escenas) y su desarrollo lento y paulatino está bien conseguido (a pesar de no ser en absoluto adecuado para la historia que se nos cuenta). El apartado gráfico es brillante, aunque el último número se nota hecho con prisas.

Un cómic algo ñoño, suave, aburrido, sin garra.

domingo, abril 19, 2009

Ángela de Neil Gaiman y Greg Capullo

Si hay una característica común en todos los trabajos de Gaiman, ésta es sin duda que, independientemente de si se trata de aquellos que podríamos calificar de más personales (Violent Cases, Sandman, Signal to Noise...) o de los directamente alimenticios (Alice Cooper, Los Libros de la Magia, Orquídea Negra...), en todos ellos se nota que los ha escrito él. Esto, que parece una perogrullada, no lo es tanto si pensamos en los casos de otros escritores que cuando deben afrontar un trabajo de encargo varían enormemente su registro habitual. Gaiman mantiene sus constantes estilísticas (haciendo uso de ellas de forma más o menos afortunada, pero eso ya es otra cuestión) sea lo que sea lo que produzca.

Excepto en este Ángela, un tebeo de superhéroes (¿superheroinas?) del montón, eficaz, aunque no tanto, y, en definitiva, perfecta y debidamente olvidable, que hubiera podido firmar casi cualquiera y que únicamente presenta la novedad de ver a Gaiman escribiendo diálogos del tipo “Cuchi, cuchi, bastardo”.

Vivir para ver.

Superman Paz en la Tierra de Paul Dini y Alex Ross

[Rescato un breve comentario sobre el cuento ilustrado aparecido en 1999]
Si bien el especial de Batman realizado por los mismos autores merecía el apelativo de correcto, en su primera colaboración Dini y Ross no se “lucieron” tanto.

Superman intentando acabar con el hambre en el mundo es una premisa argumental que destruye el interés por el relato que motiva, porque desde el momento en que conocemos la intención del superhombre sabemos que está condenada al fracaso. La falta de interés producida por la inevitabilidad de la derrota podría haberse solventado con un desarrollo narrado con garra, pero en cambio tenemos una sucesión sin fin de ilustraciones (brillantes, eso sí) que no hacen sino acentuar la previsibilidad del relato y la obviedad de todas las situaciones en las que el kryptoniano se encuentra.

Personalmente, desearía que Ross escogiera buenos guionistas para que le escribieran buenas historias, no para obligarles a pegar textos encima de sus maravillosas páginas unidas únicamente por endebles argumentos.

Power & Glory de Howard Chaykin

[Reseña sobre una miniserie de Chaykin publicada en 1994]

Con ritmo de vodevil y con bastante cachondeo a cuestas, nos presenta Chaykin esta parodia sarcástica sobre los cómics de superhéroes. Hay pechos enormes y medias ajustadas (cómo no), hay prota judío (cómo no), hay malo con canas blancas (cómo no), hay caña para el estado y las instituciones, hay incluso trama policíaca y líos amorosos, hay… en fin, lo de siempre, con un dibujo espectacular, con pocas viñetas, pero sin desmerecer en nada la narración.

A nivel de crítica del género, Chaykin tampoco lo desmenuza y lo destruye como, por ejemplo, Mills en Marshall Law. Su crítica/parodia es bastante soft y al final, no sé si conscientemente o no, cae en los defectos típicos del genero, con un final a gusto de todos que deja las cosas como estaban al principio y con una (mil) puerta(s) abierta(s) a posibles continuaciones de la saga, algo bastante poco usual en Chaykin, que suele dedicarse a alguna mini de cuatro números y a otra cosa mariposa.

Sin ser nada innovador si tiene algo de gracia y el alto nivel al que nos tiene acostumbrado Chaykin tanto a nivel gráfico, como literario.

lunes, abril 13, 2009

Contest of Champions

[Dos reseñas sacadas del baúl de los recuerdos]

Contest of Champions [1982] Primer Combate
Bill Mantlo, John Romita Jr, Pablo Marcos

En su afán actual de poner al alcance del lector TODO lo que Marvel ha publicado en su dilatada historia, Forum no se anda con chiquitas y llega incluso a reeditar cómics que habían visto la luz en España bajo su propia égida hace ya algunos años. Ésta y la comercial de aprovechar el posible tirón de la publicación de la más reciente Contest of Champions: Combate Final, son las únicas razones que se me ocurren para imprimir de nuevo un tebeo tan pobre, a todos los niveles, como éste.

Los diálogos son de auténtica pena (véanse especialmente los del primer número) y aunque hay un esfuerzo por transmitir la personalidad de cada uno de los personajes involucrados y de que se relacionen entre ellos según su historia pasada común (esto ya no se hace ahora, ¿verdad? ¡Ay, qué tiempos los de la continuidad y la lógica inherente del universo marveliano!) toda la historia no es más que una sucesión de luchas insulsas. Además, en el recuento de las victorias de cada grupo de héroes se mete la pata garrafalmente. Ni tan siquiera el misterio de la identidad de uno de los entes cósmicos que manipula a los personajes tiene atractivo alguno (¿no os habíais dado cuenta de que era la Muerte?).

En el apartado gráfico un algo más que bisoño Romita Jr a años luz de su calidad actual. A muchos años luz, me atrevería a decir.


Contest of Champions [1999] Combate Final
Chris Claremont, Oscar Jiménez, Michael Ryan, Eduardo Alpuente

Para mí lo único destacable de esta miniserie es que abre una puerta a la esperanza: Claremont, sin dar pie con bola en casi una década (desde mucho antes de abandonar las colecciones de la Patrulla-X, por cierto) y atosigarnos con historias y diálogos insoportables en sus recientes Cuatro Fantásticos, parece, repito, parece estar recuperando su toque.

No os engañéis, este Contest of Champions, aunque mejor que su predecesor, no es un cómic memorable: la historia está hinchada en exceso (cinco son demasiados números para tan poca chicha), sobran mogollón de páginas que tan sólo muestran resultados de combates que no hemos presenciado y la trama principal, protagonizada principalmente por Iron Man, se ve innecesaria y frustrantemente demorada entre tanta página de pelea. Leerse de un tirón este tebeo es un auténtico contest of champions para el lector. Sin embargo… Claremont vuelve a dialogar caracterizando a sus personajes sin ponerse pesado e incidiendo en una temática tan cara suya como la de las elecciones personales y los riesgos que éstas conllevan y todo esto incluso en las frecuentes escenas de lucha. Claro está que este hecho llamará a la ilusión a muchos y cansará a tantos otros que opinarán que resulta muy aburrido que Claremont siga escribiendo igual que hace veinte años, pero el caso es que ahí queda eso. Lástima que la historia, que hubiera podido ser interesante, aunque meramente entretenida, quede sepultada entre la estirada longitud y las continuas escenas de combate.

domingo, abril 12, 2009

Kingdom Come de Mark Waid y Alex Ross

Bajo su apariencia apocalíptica y trascendente, Kingdom Come es una historieta más bien plana, lineal y con la profundidad revisora del género superheroico de un What if… cualquiera. Las acuarelas de Ross engañan, pero no consiguen ocultar que la historia no es más que un enlazado poco apañado de escenas inconexas varias que justifican su aparición en el tebeo únicamente porque a Ross le apetecía dibujarlas. Por varias razones, resulta tristísimo que ese sea el balance final de algo como Kingdom Come.

Primero, porque una historia que se pretende crepuscular y épica como ésta hubiera podido representar para el Universo DC lo que Dark Knight para Batman. Segundo, porque la explotación de las dos concepciones de superhéroe que aparecen en el libro (la tradicional y la abanderada por los metahumanos de la primera época Image) hubiera podido dar pie a un ejercicio metalingüístico y reflexivo de lo más interesante. Tercero, porque Alex Ross dibuja muy bien y emociona ver a los superhéroes de toda la vida tan bien caracterizados gráficamente.

Por desgracia, Ross y Waid, primero: confunden épica crepuscular con dramatismo plomizo y agobiante; segundo: el enfrentamiento entre ambas concepciones es meramente físico y no ético y; tercero: Ross se dedica a dibujar decenas de personajes que no aportan absolutamente nada a la historia. A ello habría que añadir la gratuidad de la inclusión del personaje del reverendo McKay (¡Y eso que es uno de los protagonistas principales!) actuando como enlace innecesario entre escena y escena y el estúpido conflicto moral superhéroes-humanidad que Waid desarrolla cansinamente en los textos de apoyo hasta su conclusión en la absurda escena final en las Naciones Unidas.

Eso sí, la historia corta que sirve de epílogo al volúmen es una de las mejores historias jamás escritas de Batman, Superman y Wonder Woman.

The Losers de Jack Kirby


Es una alegría que DC se haya puesto las pilas y se dedique a recopilar la obra de Kirby en estos fabulosos tomos en tapa dura y papel pulposo. Al Cuarto Mundo, que abrió la “serie”, le siguieron OMAC, Demon y, ahora, estos Losers.

Se podría decir que este es un Kirby ligero, menor, pero también podría argumentarse que nada en Kirby es “menor”. Lo que sí reflejan las páginas de este recopilatorio de todas las historias de los Losers de Kirby aparecidas en Our Fighting Forces, es una escala más humana y “real” que las epopeyas cósmicas a las que Jack dedicó la mayor parte de su producción. Por lo demás, todas sus constantes permanecen inalteradas: los personajes protagonistas son, en este caso, meros estereotipos, vehículos a través de los cuales contar las historias, recayendo toda la importancia en los secundarios, que son los que otorgan a cada episodio la diferencia argumental y temática; un ritmo narrativo endiablado; y un alto nivel gráfico (pese a que aquí no encontremos conceptos visuales o estéticos nuevos, o dicho de otro modo, la arqueología/tecnología de Kirby brilla por su ausencia).

The Losers no cambiará la opinión que uno tenga de Kirby en un sentido u otro, pero es un cómic muy entretenido.

Y se agradece su reedición en condiciones para que los que no habíamos nacido cuando se publicó por vez primera podamos tener la oportunidad de leerlo y apreciarlo por fin.

sábado, abril 11, 2009

Heartland [1997] de Garth Ennis y Steve Dillon


Probablemente sea éste uno de los spin-off más curiosos de la historia de los cómics.

Protagonizado por Kit, la novia oficial de John Constantine durante la etapa de Garth Ennis en Hellblazer, nada tiene que ver temáticamente con esta última y sí mucho con las obsesiones particulares de su guionista. Así, no hay aquí entidades demoníacas ni sucesos paranormales, ni tan siquiera mención directa a Constantine, sino una narración impecable (con Steve Dillon a los lápices) de las vivencias de la protagonista y su familia, con conversaciones bien planificadas, anécdotas curiosas y reflexiones acerca de la situación en Irlanda del Norte, todo ello aderezado con el consabido cisma familiar pretérito que se nos desvela gradualmente alcanzando su clímax en las páginas finales.

Se trata de un relato agradecido, un pedazo en la vida de sus protagonistas, contado de forma natural, sin trompicones ni sobresaltos, con una temática poco usual en una compañía como DC, incluso dentro de su sello Vértigo, y en el que Ennis aprovecha para dar rienda suelta a sus opiniones sobre la conflictiva situación en su país natal, de forma mucho más inspirada que en sus absurdas y ambiguas diatribas sobre la vida y sus aledaños en las últimas entregas de Predicador.

La única pega es la conclusión, algo deslucida dentro del conjunto, quizá por el poco mordiente que tiene finalmente el motivo por el que Kit está peleada con su hermana pequeña, y el hecho de que ésta en ningún momento llegue a hacerle sombra en las escenas que en se encuentran enfrentadas.

viernes, abril 10, 2009

JLA Created Equal de Fabian Nicieza y Kevin McGuire

[Rescatamos una reseña antigua e inédita de una miniserie prestigio en dos números aparecida en Estados Unidos en el año 2000, durante la etapa de Grant Morrison al frente de la serie regular de la JLA]


El éxito del trabajo de Grant Morrison en la última (hasta el momento) andadura mensual de la serie de la Liga de la Justicia ha abierto la veda a toda una serie de proyectos que pretenden subirse al carro del grupo de superhéroes de moda. Created Equal tiene la peculiaridad de reunir a Fabian Nicieza (que junto a Mark Waid abrió a su vez las puertas a la LJA de Morrison con su miniserie JLA: A Midsummer’s Nightmare) y su compinche Kevin McGuire, compañero de fatigas en la, primero irregular y luego pésima, miniserie prestigio del Capitán América. Y más destacable es, en el caso que nos ocupa, el reencuentro de McGuire con el título que le dió fama cuando aún era un desconocido, antes de sumirse en un estado de narcolepsia artística consistente en embarcarse en un proyecto inacabado detrás de otro. Exceptuando la miniserie Strikeback!, creo que lo único suyo completo que hemos podido leer desde hace 12 años es este Created Equal. Para hacer la fiesta más completa se apuntan Joe Rubinstein (uno de los principales entintadores de McGuire en la Liga y de ésta en general durante toda la época Giffen-DeMatteis) y el rotulista Bob Lappam (ídem).

Todos estos antecedentes no deben llevar a engaño: esta miniserie de dos prestigios es mala con ganas. Nicieza desaprovecha uno tras otro todos los temas interesantes que plantea la premisa argumental (la muerte de todos los varones del planeta) y no los desarrolla más que superficialmente. Hay, incluso, una clara indecisión acerca de qué personajes deben tener protagonismo de un prestigio al siguiente. Así, en el primero, se hace especial hincapié en Zatanna y Hawkwoman en sendas páginas individuales que las presentan con destacado interés para la historia. Sin embargo, Zatanna no aparece en el segundo prestigio y Hawkwoman forma parte del mobiliario. Para colmo la historia está contada con muy poca gracia (véase la triste manera de “contar” el regreso de Superman) y los diálogos son planos con ganas.

Un desperdicio inútil de 100 páginas de cómic.

domingo, abril 05, 2009

Nylon Road de Parsua Bashi


No creo que la expresión “la sombra de Persépolis es alargada” haya sido nunca más aplicable que en este caso.

Soy el primero en defender que la historieta necesita voces, que cada cual cuente la historia que lleva dentro, independientemente de que esa historia sea de corte autobiográfico, legendario o lírico y también siendo indiferente la forma en que se decida a plasmarla en imágenes y palabras. Necesitamos, como medio, que cada cual haga su cosa, no repetir lo mismo una y otra vez. Cuantos más intentos en ese sentido, a más público llegaremos, más rico y variado nuestro repertorio y más gente empleará el cómic como medio de expresión.

Siguiendo este razonamiento no se puede criticar a Bashi, porque decididamente se centra en contar lo suyo. El problema viene cuando cuentas tu vida y tienes el mismo sexo, nacionalidad y parecida historia vital que Marjane Satrapi. Entonces tu tebeo autobiográfico se convierte en un reflejo de otro, en la sombra de la vida de otra persona, en, como si dijéramos, una nueva versión más pobre de otro superhéroe cuyas aventuras ya conocemos. Porque sin entrar a valorar, evidentemente, las vivencias de la autora, Bashi no es una buena historietista (como sí lo es Satrapi) y ni siquiera tiene un dibujo “curioso” y que al menos da el pego (como Satrapi), sino que es directamente malo, aunque perfectamente claro y transparente respecto a lo que pretende contar. Su principal logro es el mecanismo narrativo por el que trae a la palestra sus recuerdos y que consiste en hacer que su yo actual (en el momento de escribir la historia) entable conversación con las Parsua pasadas en una discusión continua sobre lo acontecido en su vida.

La narración es tan fotográfica como el dibujo y se limita a contar lo que sucedió sin aderezos dramáticos de ningún tipo, atreviéndose a que sea el lector el que juzgue cuándo y si debe emocionarse, aprender o cabrearse. Esta elección en el tipo de enfoque acaba volviéndose en contra del tebeo cuando se incluyen anécdotas que no tienen ningún tipo de sentido en el contexto del discurso (ni ningún tipo de gracia, tampoco) y llega a su punto álgido en un final digno de película de los Monty Python, en el que la autora literalmente ya ha acabado de contar su vida y no sabe cómo concluir satisfactoriamente el libro.

No es, per se, un mal cómic, en general, ni un mal cómic autobiográfico, en particular, pero no resiste la comparación con su más inmediato referente.

domingo, marzo 15, 2009

La última vez que leí Watchmen

-Pensé que no era un cómic de superhéroes. Es un misterio del asesinato, una distopia, una reunión de viejos conocidos, la magdalena de Proust (¿el terrón de azúcar de Proust?), pero no es un cómic de superhéroes. Por lo menos hasta que... Laurie y Dreiberg se ponen los trajes para salvar a la gente del incendio y, sobre todo, van al rescate de Rorschach. A partir de ese momento no sólo se desliza abiertamente en el género sino que, guau, menuda historia de superhéroes (la escena de la prisión es donde acelero el ritmo de lectura de Watchmen siempre que lo releo). Después del tono no heróico de los primeros números, de la impresión de realidad, del costumbrismo imperante, cuando finalmente actúan como héroes enmascarados el contraste da mucho más valor a sus heroicidades y hazañas, por que todo lo anterior nos dice que lo que ahora vemos no es cabal: ¡los héroes no son posibles! ¡Sus acrobacias científicamente imposibles! No sólo son héroes por los valores que defienden, son SUPERhéroes porque vencen el paradigma de realidad imperante, lo que imbuye sus acciones con un sense of wonder inherente al género cuando está bien hecho (y cuando lo leíamos de niños y no nos habíamos vuelto unos cínicos empedernidos), remitiéndonos a aquellos días de infancia/juventud (Nostalgia by Veidt) en los que volábamos con nuestra imaginación.

-Pese a que sólo existan un puñado de enmascarados en activo, parece que es suficiente para provocar una multitudinaria protesta que lleva a la promulgación del Acta Keene. ¿Acaso existen más vigilantes de los que aparecen en Watchmen, de manera que pueda justificarse este hecho? Creo que si hubiera más héroes encapuchados, teniendo en cuenta lo meticuloso del trabajo de Moore, aparecerían en la obra o como mínimo se referiría a ellos de algún modo en la misma, por lo que creo que esto es un error en el trabajo de construcción del mundo que lleva a cabo el guionista. Aunque...
Tal vez se pueda racionalizar este “punto flaco” suponiendo que los héroes no son más que los chivos expiatorios de toda una serie de inquietudes y desazones sociales, civiles y económicas en el seno del país, por lo que su número en realidad no importa. Son el “enemigo”, el hombre del saco, el catalizador de todo un conglomerado de situaciones que nada tiene que ver con ellos, pero por las que acaban pagando el pato.

-El trabajo de Moore ha sido definido como el de un relojero, pero el de Gibbons es el de un arquitecto en el sentido literal del término. La edición Absolute da una nueva dimensión a la obra y abre la puerta, aún más, a que el lector se introduzca en los escenarios visualizados, delineados, construidos por el dibujante. Me daba la impresión de que podía entrar en su Nueva York alternativo y recorrerlo como si fuera una ciudad real.

-Es un sortilegio, un acto de adivinación. Moore nos dice lo que pasará en el género de superhéroes después de la publicación de la obra: la línea entre héroes y villanos se volverá difusa, hasta desaparecer, imperará el cuero, las armas, el asesinato y la sangre corriendo por las sucias calles, para al final desembocar todo en una nueva edad de inocencia, una vuelta a la golden age superheróica (ejemplificada por el inicio de la nueva carrera contra el delito de Laurie y Dreiberg al final del cómic). Es el paso del prototipo de superhéroe asesino de los inicios de Image al regreso del arquetipo de superhéroe abanderado por guionistas como Busiek o Waid.

¿Qué nuevas cosas descubriré la próxima vez que lea Watchmen?

domingo, marzo 01, 2009

Primeras Impresiones: Batman de Grant Morrison

Le tenía bastante miedo al Batman de Morrison. Como escribí aquí, su trabajo en los últimos años me ha decepcionado bastante. Pero leída de un tirón, que es como mejor se disfruta, su etapa para la serie del Hombre Murciélago me ha dejado con buen sabor de boca. Es una lectura compleja, que requiere de segundas lecturas, así que después de una lectura rápida y superficial, tan sólo unos apuntes rápidos:

-El primer arco argumental es aceptable, no hay nada que indique que lo esté escribiendo Morrison (aparte de su nombre en los créditos), con la posible excepción del juego narrativo-gráfico con los cuadros de pop-art que ejecuta en el enfrentamiento de Batman con los Man-Bat en la galería de arte. El dibujo de Kubert es espectacular y, como siempre, normalmente arrítmico y, a veces, confuso, por no hablar de cuando dibuja a chavales con cara de adulto, o a Bruce Wayne como si tuviera 60 años.
-Poco a poco la cosa va entrando en calor, con la saga de los policía-Batman y el número 666 de la serie americana. Tony Daniel es un artista mediocre, que a veces se muestra influido por Jim Lee, a veces no y a veces le plagia splash-pages directamente.
-Ah, me salté el número que no es un cómic, el del relato en prosa con atroces ilustraciones (o algo parecido) de John Van Fleet, o sea que no tengo nada que aportar al respecto.
-El apartado gráfico mejora en la saga dibujada por J.H.Williams III, lo que no extrañará a cualquiera que conozca el trabajo de este magnífico ilustrador y dibujante, lo que no salva, en ocasiones, a sus originales puestas en escena y diagramaciones de página de ser algo difíciles de leer. La saga en sí está bien, introduciendo personajes vitales en el desarrollo de futuros (y pasados) acontecimientos, pero la introducción de héroes olvidados y toda la pesca, tan cara a Morrison, ya hace tiempo que dejó de sorprenderme y lo acepto como uno de sus tics, pero me cansa bastante.
-Los números integrados en el cross-over de la Resurrección de Ra’s al Ghul, no tienen ninguna traza de la maestría del guionista y no se distinguen de un guión malo de Chuck Dixon perpetrado en cinco minutos (añado lo de malo, porque estoy seguro de que Dixon ha escrito guiones buenos en cinco minutos o menos). Serían perfectamente obviables de no ser porque incluyen sucesos que serán clave más adelante.

-El resto, concluyendo con la saga Batman R.I.P., añade los elementos restantes y recoge todos los ya presentados para enlazarlos de forma coherente, como suele hacer siempre Morrison, y los lleva a su lógica conclusión. Aún así, quedan cabos sueltos, hay cosas que quedan demasiado ambiguas para ser consideradas una conclusión satisfactoria y la propia concepción de la etapa tiene un alto componente metafórico y un enfoque estilo puzzle acerca de lo que realmente sucede como para que todo se pueda interpretar de forma literal, pero la experiencia es lo suficientemente entretenida como para prepararse para un relectura en el futuro. Además, para el que no lo supiera, se nos aclara que Tony Daniel es malo, pero no tanto como Ryan Benjamin.
-En resumen: esperando una serie de aventuras estúpidas de Batman luchando contra Man-Bat ninja (como me habían hecho esperar algunos comentarios), me he encontrado con un tebeo entretenido, bien pensado y que hace que tus neuronas se entretengan siguiéndole el juego a Morrison hasta el último número. Ahora me toca enfrentarme con su Final Crisis. Veremos.

miércoles, febrero 25, 2009

Pensamientos: Los Eternos de Jack Kirby


Durante los cinco ó seis primeros números de los Eternos, Kirby se mantuvo argumentalmente concentrado en esta serie. Es decir, parecía una serie normal en la que lo que pasaba apuntaba en una dirección determinada. Pero tan pronto como me percaté de este hecho la cosa se deshizo en el habitual marasmo de ideas, subtramas y personajes que al final no llevan a ninguna parte. Que la serie cerrara en su número 19 no fue el principal motivo de que quedara inconclusa, porque a tenor de lo que estaba haciendo Kirby, aunque hubiera durado 50 números más, no parece que tuviera la menor intención de retomar hilos narrativos e ir cerrando los múltiples senderos que había comenzado a transitar y dejado abandonados a medio camino.
Como ejemplos se pueden citar a los Desviantes, que pasan de tener el papel de malos malosos, de ser uno de los componentes de la tríada evolutiva, junto a los humanos y los Eternos, creada por los Celestiales en la Tierra, a desaparecer literalmente de las páginas de la obra.
O también el proceso de formación de la Unimente, que amalgama a todos los Eternos para una supuesta comunicación con los Celestiales, pero que cuando se vuelve a disolver en sus componentes individuales no se nos muestra que haya efectuado absolutamente ningún contacto con ellos o, por qué no decirlo, ninguna otra acción más que unirse para acto seguido separarse sin más.
Por no hablar de algunas de las asunciones más ilógicas que se pronuncian, como la defensa a ultranza de los Celestiales, cuando el objetivo de estos es ni más ni menos que juzgar si aniquilan o no toda la vida sobre el planeta. Ante esto, lo que se nos presenta como los antagonistas malvados de los Eternos, los Desviantes, se deberían erigir en realidad como los héroes incomprendidos, ya que fueron víctimas de genocidio por parte de los Celestiales en una de sus anteriores visitas, y lo que buscan ahora es venganza y un nuevo exterminio, aunque sea manipulando a la raza humana para que luche contra los extraterrestres. En este entorno, es parcialmente justificable, debido al tono mítico de la obra, ver a los Celestiales como lo que son, entes más allá de la comprensión humana, pero por otro lado, la mentalidad de oveja que asumen los Eternos y sus compañeros humanos, ante la posibilidad de ser exterminados en un futuro no demasiado lejano es algo chocante.
Todo este tipo de inconsistencias e irregularidades no extrañarán a quien conozca mínimamente la obra de Kirby, como tampoco las múltiples apariciones de otros conceptos ya tratados por el autor en sus cómics anteriores. Así, el Eterno bromista Sprite, parece un émulo no malévolo de Loki (su traje también es verde y amarillo); Zuras, el líder de los Eternos, es un remedo del Highfather de New Genesis (y de hecho, en una ocasión se le llama directamente así, “high father”); toda la mitología de la serie, en general, exuda ecos del Cuarto Mundo y del Asgard marvelita creado por Lee y Kirby en la serie de Thor.

Lejos de ser un lastre, todo lo anterior, no deja de ser parte de lo que me gusta leer cuando leo un cómic de Kirby. Que posiblemente fuera una de sus series más dispersas y con más cabos sueltos (y con una saga final con un Hulk robot digna del olvido) no empaña el hecho de que sus visiones siguieran siendo igual de atractivas que siempre. La Unimente no tiene ningún efecto narrativo, pero sí sirve uno dramático: hace que se reúnan todos los Eternos desde todas las partes del globo; que sobrevuelen la arquitectura de su ciudad madre; que se fundan en la Unimente; que aspiren a comunicarse con entidades tan incognoscibles como los Celestiales en el proceso; que se nos muestre a los humanos como testigos/participantes para añadir una perspectiva aterradora/iluminadora ante la unión; y que finalmente todo vuelva a la normalidad, pero con la sensación de que tanto Eternos como los humanos involucrados han compartido una experiencia.
Y eso es lo que solía/suele dar Kirby: experiencias, normalmente a escala épica y cósmica, independientemente de que tratara historias de gángsters o de dioses. La potencia creativa tras unas y otras era la misma (dependiendo claro, del tiempo y las condiciones en las que las elaborara, no estoy diciendo que todos sus trabajos sean buenos).
Por eso, por creer en lo que contaba, es relativamente poco importante que, como he dicho, los Eternos tenga partes ya sabidas, ya contadas, porque Kirby siempre tenía sitio para una nueva iteración, para un nuevo lugar que aún no se había visitado. Aquí las visiones de los Celestiales son de auténtico vértigo, los diseños sacados de un futuro que aún no ha llegado y puede que no llegue (¡y eso que hablamos de criaturas cuya existencia se remonta al alba de los tiempos!), el mundo submarino de los Desviantes se erige con identidad propia frente a su, no exacta, contrapartida de Apokolips, etc.
Por supuesto, que la serie contara con entintadores capaces y con un Kirby en plena forma, ayuda a que el aspecto visual sea original y que figure entre lo mejor y más consistente del autor, frente a otras obras en las que la calidad de su línea variaba de número a número o era pervertida según el entintador que le tocara en suerte.
En definitiva, los Eternos tiene lo mejor y lo peor de Kirby, como suele ser habitual en muchas de sus obras. Para mi es altamente disfrutable, tanto por hollar caminos nuevos, como por transitar por otros familiares y por mostrar un aspecto gráfico impecable.