jueves, agosto 18, 2005

Adastra, o el insoportable ego del artista

Adastra: Después de leer este cómic doy gracias a Roy Thomas. En serio. Me explicaré: De repente, al ver al Barry Windsor de este Adastra, a uno le ha venido a la memoria a aquel dibujante primerizo de Conan el Bárbaro que poco a poco fue labrando su estilo hasta regalarnos un Conan difícil de olvidar y que pasaría al imaginario colectivo de este personaje de fantasía. Pero yo hablaba de Roy Thomas, guionista de aquellos números y de muchos que vendrían después. Guionista que trabajó mano a mano con aquel genio-en-potencia de la ilustración. Y os preguntaréis..¿ qué demonios tiene que ver Thomas con este Adastra? Er.. realmente nada...bueno, no exactamente... es que me imaginé qué podría haber sucedido si Thomas no hubiera estado al guión en Conan y toda la responsabilidad hubiera recaído en BWS. En un BWS ya formado plenamente como dibujante, claro. Y la conclusión lógica visto este Adastra y su anterior Jóvenes dioses y amigos no podría ser más clara: Conan hubiera sido un coñazo. Un verdadero COÑAZO. Así, con mayúsculas. Como es este Adastra. Pero justifiquemos lo que puede sonar como una sentencia gratuíta en toda regla. BWS coge en este su cómic una situación que casi podríamos calificar de anecdótica y parece que trata de, no sé... ¿pero lo sabe él? ¿La historia se dirige hacia algún sitio o simplemente asistimos a la ilustración de una relación, la establecida entre una diosa y su pueblo? A todas luces es más lo segundo. El problema aparece cuando una situación como la planteada, que en principio cuenta con todos los elementos para afectarnos a nivel emocional, sencillamente acaba sudándonosla. Añadamos que la sorpresa es nula en el desarrollo de...esto (o como queráis llamar al contenido de este cómic), y lo más divertido es que presuntamente existe una, si no sorpresa cuanto menos un efecto pero que se queda en nada porque su aparición se preve casi desde el principio. Ahora, bonito, lo que es bonito, rato largo-oiga. Y pretencioso. E ineficaz. E increíblemente aburrido. Un peñazo, vamos.
Gracias, sr. Thomas, por escribir los guiones de su Conan. Y a BWS por ilustrarlo, por supuesto.