jueves, enero 04, 2007

Alim el curtidor 2: Viento del exilio

Alim el curtidor 2: Viento del exilio (Lupano, Augustin, Penloup; Norma): Me gustan los cómics sin pretensiones. Aquellos cuya única intención es contar una historia, hacerlo más o menos bien y de paso entretener al personal. Por eso esta serie me convenció desde su primera entrega, que ya reseñé en esta vuestra página.
Alim es un cómic de aventuras de toda la vida, sólo que sus protagonistas no son lo que se diría muy típicos para lo que estamos acostumbrados a ver en tebeos pertenecientes a este género: un curtidor de piel de ballenas, su hija pequeña y el abuelo, un reducido nucleo familiar de los sin casta, el escalón más bajo de la sociedad, que se han visto obligados a abandonar su ciudad después de haber sido acusados de herejía por parte de los sacerdotes que gobiernan la urbe.
En este volumen, el segundo de la serie, leemos de su deambular en dirección a las tierras del norte, en busca de refugio. Sin embargo, su pasado persigue al bueno de Alim hasta esa gélida región, tratando de frustrar su intención de empezar una nueva vida.
Lo interesante de la serie, con todo, va más allá de las peripecias que viven nuestros “héroes”. En ambas entregas hemos podido constatar un evidente posicionamiento en contra de todo fanatismo religioso, elemento que, por la similitud del universo en el que se desarrolla la acción del cómic con la dinámica actual de nuestra sociedad se presta a efectuar correspondencias que proporcionan una nueva dimensión al tebeo.
Por otro lado, a la que hasta el momento ha sido la única trama de la serie, aquella que se centra en nuestro trío protagonista, ahora hemos visto cómo se ha añadido otra que nos habla de los juegos de poder que se desarrollan en la capital del imperio, que no hace sino enriquecer la historia. De igual manera, se han añadido nuevos e interesantes personajes que a la fuerza cruzarán sus caminos con los de nuestros protagonistas, otro elemento más que ayuda al desarrollo de la historia.
Por lo demás, sigue presente un sano ejercicio humorístico que va de la mano de un evidente tono humano , ambos presentes en la anterior entrega y que vendrían a ayudar a establecer una clara empatía con el lector. En cuanto al dibujo, no ha perdido un ápice de su manifiesta calidad.
Lo dicho, una lectura muy entretenida, bellamente ilustrada y con mensaje de fondo. ¿Acaso se puede pedir más?