-Pensé que no era un cómic de superhéroes. Es un misterio del asesinato, una distopia, una reunión de viejos conocidos, la magdalena de Proust (¿el terrón de azúcar de Proust?), pero no es un cómic de superhéroes. Por lo menos hasta que... Laurie y Dreiberg se ponen los trajes para salvar a la gente del incendio y, sobre todo, van al rescate de Rorschach. A partir de ese momento no sólo se desliza abiertamente en el género sino que, guau, menuda historia de superhéroes (la escena de la prisión es donde acelero el ritmo de lectura de Watchmen siempre que lo releo). Después del tono no heróico de los primeros números, de la impresión de realidad, del costumbrismo imperante, cuando finalmente actúan como héroes enmascarados el contraste da mucho más valor a sus heroicidades y hazañas, por que todo lo anterior nos dice que lo que ahora vemos no es cabal: ¡los héroes no son posibles! ¡Sus acrobacias científicamente imposibles! No sólo son héroes por los valores que defienden, son SUPERhéroes porque vencen el paradigma de realidad imperante, lo que imbuye sus acciones con un sense of wonder inherente al género cuando está bien hecho (y cuando lo leíamos de niños y no nos habíamos vuelto unos cínicos empedernidos), remitiéndonos a aquellos días de infancia/juventud (Nostalgia by Veidt) en los que volábamos con nuestra imaginación.

-Pese a que sólo existan un puñado de enmascarados en activo, parece que es suficiente para provocar una multitudinaria protesta que lleva a la promulgación del Acta Keene. ¿Acaso existen más vigilantes de los que aparecen en Watchmen, de manera que pueda justificarse este hecho? Creo que si hubiera más héroes encapuchados, teniendo en cuenta lo meticuloso del trabajo de Moore, aparecerían en la obra o como mínimo se referiría a ellos de algún modo en la misma, por lo que creo que esto es un error en el trabajo de construcción del mundo que lleva a cabo el guionista. Aunque...
Tal vez se pueda racionalizar este “punto flaco” suponiendo que los héroes no son más que los chivos expiatorios de toda una serie de inquietudes y desazones sociales, civiles y económicas en el seno del país, por lo que su número en realidad no importa. Son el “enemigo”, el hombre del saco, el catalizador de todo un conglomerado de situaciones que nada tiene que ver con ellos, pero por las que acaban pagando el pato.

-El trabajo de Moore ha sido definido como el de un relojero, pero el de Gibbons es el de un arquitecto en el sentido literal del término. La edición Absolute da una nueva dimensión a la obra y abre la puerta, aún más, a que el lector se introduzca en los escenarios visualizados, delineados, construidos por el dibujante. Me daba la impresión de que podía entrar en su Nueva York alternativo y recorrerlo como si fuera una ciudad real.

-Es un sortilegio, un acto de adivinación. Moore nos dice lo que pasará en el género de superhéroes después de la publicación de la obra: la línea entre héroes y villanos se volverá difusa, hasta desaparecer, imperará el cuero, las armas, el asesinato y la sangre corriendo por las sucias calles, para al final desembocar todo en una nueva edad de inocencia, una vuelta a la golden age superheróica (ejemplificada por el inicio de la nueva carrera contra el delito de Laurie y Dreiberg al final del cómic). Es el paso del prototipo de superhéroe asesino de los inicios de Image al regreso del arquetipo de superhéroe abanderado por guionistas como Busiek o Waid.
¿Qué nuevas cosas descubriré la próxima vez que lea Watchmen?